El Psicoanálisis y la Discordia de las Identificaciones

Guillermo Martínez | XXVII Jornadas Anuales de la EOL
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Guillermo Martínez

Guillermo Martínez

La Nuez: en una entrevista decías que dabas especial énfasis, a la hora de elegir el nombre de los protagonistas, a su sonoridad, que no suenen ridículos o extravagantes. A la vez, los distintos narradores no portan un nombre propio, y se puede identificar en ellos aspectos de tu biografía. ¿Cómo enlazar ese binomio a la hora de construir un personaje?

Guillermo Martínez: Me interesan nombres que me hagan evocar algo del personaje que quiero construir, por ejemplo en Acerca de Roderer buscaba que el nombre fuera esa clase de apellido que se sustituye como nombre, quería encontrar un apellido que se convirtiera en emblema del nombre del personaje, se me ocurrió Roderer que da una cierta extrañeza al personaje y permite que sea recordado por su apellido. En esa novela se omite el nombre del protagonista y eso me quedo como una marca para mis novelas posteriores. Hay allí otra cuestión, en general, mis novelas están escritas en primera persona, si le asigno al narrador o protagonista mi nombre, o una inicial de mi nombre, ya lo acerco demasiado a mí como autor, eso no me gusta, esa sensación de identificación absoluta. El narrador es un narrador ficcional, está dentro de la trama ficcional y aunque pueda tener algunos rasgos en común conmigo, biográficos, de opinión, o de experiencia, quiero tratar a todos mis personajes, inclusive el narrador con la suficiente libertad creativa y quisiera que los lectores también lo puedan ver de ese modo. Por otro lado, como comparto varias cosas tampoco quiero alejarlo tanto, entonces esta opción que elegí me parece que guarda un pequeño misterio sobre cuál es el nombre del protagonista y permite que parcialmente quede identificado conmigo y además es una pequeña marca de todos mis libros.

LN: En tus historias suele encontrarse un personaje mayor con el que el narrador dialoga a la vez que mantiene una discordancia en su posición. En algún punto conocemos la identidad del narrador a partir de esos vínculos…

GM: Sí, es un personaje recurrente en mis novelas, un personaje que domina, vamos a decir así, supera intelectualmente al narrador, con el que tiene distintas relaciones, a veces de discípulo, a veces de amor-odio, de admiración, de envidia… pero sí, es verdad en general en casi todas mis novelas aparece una figura así.
En La mujer del maestro esa tensión entre el discípulo, que está como empezando en la vida y que tiene cierta ambición de poder, y el maestro que está declinando en la vida, y bueno ahí está esta tensión que es a la vez admiración pero que también es intento de suplantación, etc.. En Acerca de Roderer son pares, pero el narrador se siente inferior y hay una relación de admiración, de distancia, de elección de la opción vital en contra de la opción puramente intelectual y en el reencuentro hay incluso como un elemento de revancha, de venganza. En Crímenes imperceptibles hay una relación tipo Watson-Sherlock Holmes, una relación típica de las novelas policiales de intriga donde el narrador aprende del profesor en la pesquisa de los crímenes. En fin, en cada novela se articula de una manera diferente. Es verdad que aparece de una forma muy recurrente. Y finalmente en La muerte lenta de Luciana B hay más tensión entre los personajes porque son como polos opuestos de estéticas diferentes, el narrador es un escritor de tipo vanguardista y tiene una relación de resentimiento y temor con respecto al novelista consagrado que además pareciera incluso que puede ser un asesino.

LN: ¿Podríamos pensar que las mujeres introducen la discordia en tus novelas?

GM: En general todo lo que es conversación intelectual está llevada a cabo entre hombres y lo que tiene que ver con el deseo, el drama, la tragedia etcétera con las mujeres, eso sí lo percibo en mis novelas y me molesta un poco pero a la vez veo que no logro romper con ese molde. En mi última novela hay una protagonista que es una becaria de doctorado, una matemática brillante, pero no logro del todo que se dé una conversación intelectual entre mujeres o entre hombres y mujeres. En general en mis novelas todo lo que tiene que ver con el plano intelectual transcurre entre hombres…

LN: Bueno, parecería que en Yo también tuve una novia bisexual hay un intento de correrse un poco de eso porque en ese caso conversa con Rachel…

GM: Conversa con Rachel, y Jenny también tiene sus ideas interesantes, es como una alumna brillante, si ahí mejoré un poco… y bueno si uno va ampliando el campo del conocimiento

LN: En ese sentido de ampliar el campo de conocimiento, una articulación que nos interesa indagar en tu escritura es el particular lazo entre verdad y creencia. Hay una verdad que se deduce, que se presenta como irrefutable pero que no invalida la aparición de un elemento, en algunos artículos lo nombras así, "ilusorio", un elemento mágico, hasta sobrenatural, locura también, pero en todo caso más allá de la razón, apelando así a la creencia.

GM: Lo que ustedes dicen es así. En la muerte lenta de Luciana B por ejemplo, se sugiere una posibilidad de tipo sobrenatural, cuasi religioso. También en los cuentos hay una dimensión que se presenta. De algún modo, cuasi fantástica, aunque todavía está dentro de la realidad, hay algo así como una atmósfera fantástica y eso me interesa mucho. Me parece que eso es lo que le da la literatura la vida. Esa especie de capacidad de ilusionismo en que lo real se puede distorsionar hasta entrar en otra dimensión o sugerir otra dimensión. Eso es, tal vez, una de las grandes lecciones del fantástico argentino. No me interesa lo prodigioso o lo maravilloso como sacar de la galera un truco fantástico tras otro. Sí me interesa esta especie de exasperación de lo real que da pie a pensar en una posibilidad fantástica.

LN: "exasperación de lo real"

GM: Exageración, a veces exasperación, a veces por detenimiento en los detalles se logra también ese efecto extrañeza por el examen muy detenido de una situación hasta que se revela algo extraño en aquello que se mira. Esos procedimientos son los que a mí más me interesan, sobre todo como cuentista, en las novelas es más difícil pero siempre que haya por lo menos algún elemento que sobrepase lo real, documentado, prosaico, cotidiano.

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