El Psicoanálisis y la Discordia de las Identificaciones

Eduardo Medici | XXVII Jornadas Anuales de la EOL
Nominados

Eduardo Medici

Eduardo Medici

La Nuez: Hay algo en su trabajo que parece apuntar a fracturar o resquebrajar la idea de identidad. En esto hay también diversos modos expresión y de materiales que usted utiliza, por ejemplo, la pintura, la instalación o la intervención de fotografías ¿Podría contarnos algo al respecto?

Eduardo Medici: La identidad, ese hilo que permanece a pesar de los cambios, puede a su vez ser una trampa para el artista que acepta la seguridad que ella aparentemente ofrece. La tarea del artista a mi juicio es ir contra esa identidad que busca fijarnos a una manera de ser, de decir. El artista debe desterritorializar permanentemente su obra, a efectos de no congelar la imagen en su afán de reconocimiento, ya que no se trata de tener una imagen sino de saber hasta donde puede llegar esa imagen. Digo a mis alumnos dos cosas que deben tener en cuenta, no hacer si saben que van a hacer y sospechar siempre de la primera idea que tengan. Hay algo que da la experiencia y es la espera frente a lo que va acontecer en la tela, ese momento casi traumático, es el que va a diseñar la obra. Es el momento en que hay que reconocer en la obra, la obra. Esto es simplemente lo que hace un artista, reconocer el momento en que la obra se hace presente. Un poema de Fernando Pessoa, cuya última frase fue el titulo de una muestra que realice en el año 1996, en la galería Der Brucke, justamente con diversidad de técnicas, (pinturas, fotografías, instalación) tal vez explique mejor lo que quiero decir:

"¿Dios mío, Dios mío, a quién asisto? ¿Cuántos soy? ¿Quién es yo? Qué es este intervalo que hay entre mí y mí."

LN: ¿Cómo es el proceso de nombrar, el proceso por el que llega a ponerle un nombre a una obra o a un conjunto de obras?

EM: En cuanto a nombrar una obra, no es sencillo, particularmente nunca tengo el título antes de empezar la obra, esto ocurre, si ocurre, después que la obra esta terminada. Ya Duchamp consideraba que el titulo era un color más. Magritte decía que el titulo debía ser poético, y un titulo poético no era aquel que coincide con lo que el cuadro muestra, sino todo lo contrario, no llamar por ejemplo a un retrato de una señora con sombrero, señora con sombrero. El titulo no debe explicar el cuadro, sino debe provocar sorpresa en el espectador y la posibilidad de hacer legible algo que no está en el cuadro o simplemente negar lo que el cuadro muestra. En suma el titulo debería producir un extrañamiento en el que mira, el abismo entre el cuadro y el texto, provoca un desconcierto que obliga al espectador a no quedarse pasivo frente al cuadro. El interesante ensayo sobre Magritte de Foucault, "Esto no es una pipa" trabaja la relación entre la imagen y la palabra.

XXVII Jornadas Anuales de la EOL